Javier Garrido – Escritor de thriller

Cineasta y médico frustrado, graduado en psicología, empleado en informática y escritor movido por el miedo, Javier Garrido nos cuenta con la calma de la experiencia vital su incursión en el mundo de la escritura. Solo tiene una novela, pero tiene muchos proyectos en marcha y seguro que alguna de sus novelas llegará algún día a vuestras manos.

También aporta contenido original en Instagram, donde creó su cuenta hace tan solo un año por invitación de su hija, y donde sobresale con sus preguntas llamadas #papaques. Las dudas que pueden asaltar a cualquier niño son respondidas con reflexiones que cuentan la realidad de una forma sutil y poética. Además, en esta red social hace entrevistas a escritores, por lo que entrevistaremos a un entrevistador, como nosotros.

Obras:

  • Mentiras que dan magia (2020)

Muchas gracias, Javier, por contarnos tus secretos y dejarnos entrar en las películas que imaginas cuando esbozas las historias en tu cabeza.

ENTREVISTA

P.- (A.D.) ¿Qué significa para ti ser escritor?

R.- Me lo han preguntado muchas veces y es curioso porque a veces le voy dando vueltas, es una pregunta complicada. Pero yo creo que lo que más se acerca, yo siempre pongo muchas metáforas, la gente que me conoce lo sabrá bien, y entonces para mí el tema de escribir es como jugar a la alquimia. Porque es como jugar con las palabras que existen, pero cuando las mezclas de una manera u otra haces que consigas algo especial. Yo en Instagram voy con el tema de los #papaquees, que son unas frases cortas que van gustando mucho. Y realmente es darle vueltas a las palabras hasta que acaben de encajar de alguna manera y que expliquen algo.

El libro que he escrito y el que estoy escribiendo ahora, es darle vuelvas para ver cómo ir cogiendo las palabras para que formen algo que sea especial y sobre todo que emocionen. Para mí una parte importante cuando estoy escribiendo es que se refleje en la piel, que emocione. Y para mí, al menos como yo lo vivo, sería lo que es ser escritor.

P.- (A.D.) Si no recuerdo mal entonces, como Erlinda ¿no?

R.- Sí. Erlinda en sí lo que busca es emocionar directamente. Sería una buena analogía.

P.- (N.D.) Es un personaje de tu novela, Mentiras que dan magia

¿Cómo surge tu pasión por la escritura?

R.- Yo cuando empecé a escribir, relativamente poco porque empecé a escribir hace un año y medio esta novela, Mentiras que dan magia, lo que me llevó a escribir fue un sentimiento de miedo. Me explico. Yo siempre estoy inventando historias en mi cabeza, desde siempre. Yo creo que muchos escritores tienen ese defecto, que es imaginar continuamente: aversión al aburrimiento (risas). Voy consumiendo historias propias, me invento una, la llevo durante un tiempo en mi cabeza, seis meses, un año o lo que lleve, la acabo y empiezo otra. Cuando acabé la de Mentiras que dan magia, estaba ya empezando otra historia en mi cabeza.

Y llegó un día, de camino de mi trabajo a casa, que me dio por recordar la anterior, la de Mentiras que dan magia, y entonces se me empezaron a olvidar cosas muy importantes de la historia. Tuve una sensación de «ostras», esta historia que disfruté muchísimo inventándomela y que me la fueron contando los personajes, tuve miedo porque con el paso del tiempo desaparecería. Y desaparecería del todo, es decir, no quedaría absolutamente nada. Y en ese momento, dije: «ostras, ¿por qué no la escribo?». Llevaba mucho tiempo queriendo escribir historias, lo he intentado alguna vez, pero no encajaba. Y fue el momento en el que me lancé a escribirla. Sin mucha confianza de llegar a acabarla, pero, bueno, me equivoqué y sí que la conseguí acabar.

P.- (A.D.) Sí, sobre todo cuando la historia te martillea bien fuerte. Siempre termina uno empezándola y terminándola como sea.

¿Escribir la novela ha sido tu primera incursión en las letras?

R.- Mi primera incursión que valga la pena tener en cuenta. Porque habré comenzado tres novelas, pero se quedaron en capítulos y feos. Fue cuando acababa la universidad, tenía veintialgo años, pero no estaba maduro para escribir. No había leído lo suficiente. Yo creo que fue la diferencia. Pasé a leer una burrada y entonces fue cuando me lancé a escribir Mentiras que dan Magia. Esta novela es la primera parte en la que puedes decir: «mira, ¿vale la pena leer algo de este chico? Pues sí». Es la primera cosa que vale la pena leer, y la verdad es que con mucho éxito, sí.

P.- (N.D.) ¿Y cómo es tu primer día en el que te sientas a escribir?

R.- Os explico cómo fue un poco, porque fue curioso. Yo dije: «vale, tengo ese sentimiento de miedo. Venga, voy a empezar a escribir». Hacía unos meses leí un libro que me marcó, que fue la de Cuatro amigos de David Trueba. Para mí es uno de los mejores escritores de siempre, por la forma que tiene de escribir. Fue de alguna manera el que me dio las herramientas, porque cuando yo leí ese libro, sin pensar que iba a escribir nada, yo me dije: «si algún día escribo algo, quiero escribirlo así, de esta manera». Se juntaron esas dos cosas: la historia de Mentiras que dan magia, que no tenía título ni nada, era la historia así en bruto, y las herramientas de mi maestro David Trueba de cómo escribirlo.

Entonces, cogí un tutorial de Internet, que ahora mismo lo he buscado porque querría saber cuál es, porque era un escritor novel que me ayudó muchísimo. Pero lo hice por hacer y ahora no sé dónde buscarlo ni nada. Me dio cuatro pinceladas de cómo escribir un libro: encontrarte una hora que te vaya bien, que tu situación anímica te fuese bien. Yo descubrí de siete a ocho de la mañana, soy productivo al cien por cien. De lunes a viernes se escribe una hora, o trocitos de una hora. Yo como trabajo y tengo dos niños, una hora es lo máximo que puedo llegar a escribir. Entonces, de lunes a viernes escribes ese poquito todos los días, el sábado descanso y el domingo revisión. Tal cual, así de sencillo. Y dije: «pues venga, vamos».

Y empecé a hacerlo. Cogí un día, no se lo dije a nadie que estaba empezando a escribir, a mi mujer se lo dije dos meses después de empezar a escribirlo, porque ni si quiera yo confiaba en que fuese acabar la novela. Y fue con esa rutina, cada día de siete a ocho u ocho y media, ir escribiendo un trocito hasta que lo acabé, un año después más o menos. El ritmo era pequeño, pero sí ese fue el inicio.

P.- (N.D.) ¿Era un sueño que tenías pendiente realizar o una espinita ahí clavada?

Sí, yo desde siempre he dicho que quería escribir un libro. Desde que empecé a escribir esos primeros capítulos con veinte años, siempre había querido escribir un libro, pero nunca me había visto hacerlo. Y no sé, en ese momento empecé a escribir y empezó a gustarme lo que escribía, que eso no me había pasado nunca.

Yo llegaba al trabajo emocionado porque el capítulo que había escrito me había emocionado a mí, y ya estaba emocionándome pensando el siguiente. Entonces, entré en una rueda, me retroalimentaba de decir: «ostras, escribes, me encanta, voy a pensar en lo que voy a escribir y me sigue encantando».

La novela tiene 460 páginas, yo llegué a escribir en este formato yo creo que unas 900 páginas. Porque empecé a escribir, disfruté muchísimo escribiendo, recorté muchísimo y lloré, entre comillas, de todo lo que llegué a cortar, porque corté muchísimo. Pero lo disfruté. Porque ese sueño, que de alguna manera me estas comentando, pues sí se estaba viendo cumplido. Y se puede, es cuestión de ponerse y al final lo puedes conseguir.

P.- (A.D.) Es el comienzo de escribir a puerta cerrada y es la magia del escritor. De poder inventarse mundos, personajes, historias, metáforas de lo que se quiera expresar… Es bonito. Que mucha gente a lo mejor ve la profesión del escritor como aburrido o efímero. Pero en la cabeza hay historias, vidas, personajes que nos hacen daño, que no queremos que mueran… Bueno lo de que mueran lo digo por parte mía (risas).

Cuando terminarse la novela, ¿decidiste enviar el manuscrito a editoriales o preferiste controlar todo el proceso?

R.- Cuando lo acabé, lo llevé a diferentes lectores cero. Es decir, diferentes personas que no conocía para que lo leyesen. Y el feedback fue tan bueno que dije: opción uno, voy a mirar publicación tradicional, espérate seis meses o un año en tener algún tipo de feedback, más o menos.

Y más que nada, porque en el momento en el que yo lo envié estábamos en coronavirus, en situación de confinamiento y cuando hay confinamiento a la gente le da por escribir, que es una auténtica maravilla. Entonces claro, como yo, si en un año normal hay cien mil, pues este año hay doscientos cincuenta mil millones, que es espectacular. Yo dije: «pues bueno, la opción b es autopublicar». Y entonces decidí autopublicar directamente, confié en la novela. También el deseo de lo que tu comentabas Noelia de ver el libro cumplido, es decir, ese deseo también me arrastró mucho.

Yo soy una persona muy creativa, me gusta hacer muchas cosas y me dije: «pues perfecto, para adelante». Cogí lo que me va a costar más o menos a nivel de dinero y de tiempo, que por supuesto estaba totalmente desvirtuado, porque ha costado más y el tiempo invertido es mil veces más de lo que había pensado, pero me lo he pasado genial. Y al final, yo creo que, para empezar, casi todo el mundo o todo el mundo debería empezar por autopublicar, porque conoces todo. Lo sufres todo. Yo creo que para saber algo tienes que sufrirlo. Y para mí es una experiencia brutal.

 P.- (N.D.) Yo creo que se aprende mucho más, porque cuando lo ves desde abajo ves todo: cómo se publica, cómo se maqueta… En el otro sentido, bueno pues te lo hacen todo. No lo ves y no lo sufres, como dices, tan de cerca.

R.- Sí, yo creo que tienes que saber lo que cuesta diseñar una portada. Tienes que saber lo que cuesta promocionar un libro. Tienes que saber lo que cuesta corregir un libro. Porque de esa manera le puedes dar valor a todo.

Y como digo yo, si quieres hacer algo perfecto tienes que empezar a ensuciarte las manos. Tienes que hacerlo desde abajo. Yo creo que, como aprendizaje y experiencia, cualquier escritor debería pasar por ahí. Y, oye, luego de ahí para arriba. La idea es ir a una gran editorial cuando alguien quiera leer alguno de mis manuscritos. Pero sí, sí, la idea inicial fue la de autopublicación y no me arrepiento.

P.- (N.D.) Has dicho, Javier, que durante el confinamiento había mucha gente creativa escribiendo, ¿tú fuiste muy creativo? Porque a mí me dio la sensación contraria, muchos escritores con los que hemos hablado nos decían lo contrario: que no podían escribir. Y entonces, me ha sorprendido lo que has dicho.

R.- Claro, yo cuando acabé la novela, la acabé además el ocho de enero del dos mil veinte; es decir, que no existía todavía confinamiento ni nada. Yo en mi mente tenía acabar de editar, hacer la publicación, todo normal. Luego se fue todo al carajo porque vino el coronavirus y me adapté, y, oye, te adaptas y no hay problema. Pero con la gente, que estoy entrevistando a muchos escritores, me estoy encontrando con gente que nunca había escrito y como tenía mucho tiempo le dio por escribir. De ahí han surgido muchos escritores que han empezado con su primera novela y entonces han autopublicado porque era la única opción viable de hacerlo. Luego me he encontrado con gente que por la situación psicológica de confinamiento han dejado de escribir, pero entonces era la gente que ya escribía y les ha costado adaptarse a esta situación.

Yo, por ejemplo, sí que es verdad que escribía más antes del confinamiento que ahora. También es verdad que el tema de la promoción me ha quitado muchísimo tiempo. Pero mentalmente estaba más fresco, por decirlo de alguna manera, cuando salía a trabajar, iba a mi oficina… Y no ahora, que llevo un año y pico en casa teletrabajando, que eso al final te acaba pasando factura.

Pero es eso, me he encontrado de las dos vertientes. Yo creo que sumándolo ha habido muchísima gente que ha escrito. Muchísima gente que ha publicado ahora es gente que no había pensado en escribir un libro, pero por el tiempo que le ha dado el confinamiento pues se han puesto a escribir como locos. Y a sacar libros como locos, algunos libros buenísimos.

P.- (A.D.) También estamos un poco investigando, porque, como acabas de decir, en el confinamiento han salido bastantes libros interesantes.

Investigando un poco sobre ti, antes de tirarnos a la entrevista, hemos encontrado que te gusta mucho el estilo cinematográfico y que aparte eres cinéfilo. ¿En algún momento te has planteado escribir guiones?

R.- No. Y además es curioso, porque desde siempre he dicho que soy un director de cine frustrado. Mi sueño era ser director de cine, pero no me llegaba la imaginación ni nada, y era muy práctico: hay que comprarse un piso (risas). Pero el tema del cine siempre me ha encantado y curiosamente mis novelas o la forma de leer me gusta que sea sin diálogos.

En la primera versión que hice de Mentiras que dan magia no existía un solo diálogo, estaban todos embebidos en el texto, que es como me gusta más leerlo. Por lo tanto, a la hora de escribir un guion, incluso me lo he pensado: «a mí que me gusta el cine, pues vamos a dar idea a esa parte», y no me he visto porque escribiendo diálogos me veo muy artificial. No me siento muy cómoda. Es un aspecto que tengo que trabajar más y justamente los guiones se centran en ese aspecto. Me gusta más explayarme en los sentimientos, en las emociones, en hacer feedbacks, etc. Entonces, esa parte de la literatura me gusta más. Pero no lo descarto.

Mucha gente que se han leído Mentiras que dan magia a la hora de leérselo me han dicho: «si es como ver una película, porque es muy guiado». Porque yo cuando me lo imagino, me lo imagino como una película, tal cual. Las escenas son muy visuales, aunque son descritas, pero son muy visuales. Son muy directas y están muy separadas como si fuesen una escena de un guion de cine, pero con la forma de novela. Y mucha gente me lo ha explicado y me han comentado eso: que se visualizaba la novela mientras estaban leyendo, como si fuese una película. Que es realmente como yo me la imaginé y como la escribí. Pero de ahí a guiones creo que debería trabajarlo un poco más. No lo descarto, pero todavía no me veo.

P.- (N.D.) A mí me sorprendió mucho que te gustara el cine y el estilo cinematográfico y, sin embargo, la novela no tiene tanto diálogo. Es curioso, porque mucha gente que a lo mejor le gusta más escribir novela y no el tema del cine, ha escrito más guiones.

R.- Por eso cuando decía que mi maestro es David Trueba, las cosas que más me gustaban leer era porque todos los diálogos estaban embebidos en el texto y hacía que fuese muchísimo más ágil el tema de leer la historia.

Entonces, te embebías, te empapabas de la historia como si fuese Stephen King, que a mí me gusta mucho porque estás leyendo una historia y está habiendo feedback y mirando el detalle de una persona y de otra. Aunque sí que tiene más diálogos, pero para mí es uno de los mejores contadores de historias que existen. Pues la forma de David Trueba, que es la forma que he hecho un poco mía, es justamente eso: embebiendo todos los diálogos, todo lo que va diciendo, sin tener que hacerlo con los guiones. Me siento más cómodo. Y a la gente le gusta, incluso gente que al principio decía: «uf, no tiene guiones, vaya tocho». Si los guiones están, pero están dentro del texto.

P.- (N.D.) ¿Qué es lo que más te costó de escribir la novela?

R.- La verdad, creo que sintetizar. Es lo que más me costó. La historia en sí en mi mente hay un tercio que desapareció, porque si no era El Señor de los Anillo, la extendida (risas). Hay una parte incluso que no está en la novela, pero sí que está en la versión inicial que eran sesenta o setenta páginas, que era como una subhistoria de uno de los protagonistas. Empezaba a escribir y me iba al trabajo diciendo «ostras, qué bien que me ha quedado». Además, como psicólogo que soy y cuando escribes de algo que tienes en el interior, esa catarsis es una gozada. Y yo me iba al trabajo alucinado de todo lo que había escrito. Pero, bueno, eran cosas que no requería la historia sino cosas, incluso, más mías.

Lo que más me costó fue cuando, una vez que ya tenía todo el manuscrito, adaptarlo para que fuese lo que la historia requería y no lo que a mí me hubiese gustado o lo que yo hubiese querido escribir. Y esa parte me costó, porque corté muchísimo. Incluso cosas que decía: «pero cómo voy a cortar esto, si esta parte es crucial». Pero visto desde fuera digo: «vale, es crucial, pero para mí». Porque cuando yo me lo imaginé, me emocionó muchísimo, porque tenía alguna conexión con mi infancia o con algún momento vital que yo viví, que es muy mío. Pero la historia en sí no la requería. Y esa parte costó. Costó. Pero, bueno, al final satisfecho.

P.- (A.D.) ¿El personaje de Erlinda tiene una persona real detrás?

R.- No. Realmente, no. Además, curiosamente Erlinda es uno de los personajes más queridos, porque yo siempre pregunto. A veces es como si hablásemos de libros diferentes, porque hablan de los personajes y cada uno lo ha vivido de una manera. Para mí, eso es espectacular, porque da idea de que tienen un trasfondo real. Porque cuando una persona, no es ni buena ni mala, sino que es una persona, cada uno lo vive de una manera. Y el personaje de Erlinda fue el primero que perfilé, el primero que dibujé bien en la historia y no toma nada de nadie en concreto, sino que toma trocitos de diferentes personas.

La persona que más se podría englobar es mi abuela. Que vivía conmigo, además. Pero mi abuela era un trozo de azúcar. Tomaba rasgos, por decirlo de alguna manera, pero era el personaje que quería la historia. Y además un personaje que disfruté muchísimo imaginándola, y muchas cosas que están en mi cabeza que no pude escribir, porque es de esas cosas que al final acabaron cayéndose. Era un personaje de la historia propio.

P.- (A.D.) A lo mejor es por mí, pero las poquitas explicaciones que se empiezan a dar sobre esa abuela, que, aunque a priori te puede parecer que no te dan ganas de estar con ella, yo le cogí cariño. Pero desde el primer momento.

R.- Y muchísima gente. Es uno de los personajes más queridos, cuando ya en la sinopsis dice que es arisca. Y la verdad es que es una señora arisca.

A veces me han preguntado cómo he conseguido que sean tan humanos, tan vivos. Yo siempre decía lo mismo: yo cojo un personaje, imaginemos el de Erlinda, no vamos a contar mucho más, pero es una anciana que es invidente, que está en silla de ruedas y es muy arisca, tiene una personalidad muy fuerte y una inteligencia espectacular. Eso sería digamos a nivel de sinopsis, lo que sería este personaje. Para después dotarle de personalidad, me invento su vida. Me imagino todo lo que ha tenido que vivir para explicar que tenga esa situación. Eso no está en el libro, está en mi cabeza. Pero sí que es verdad que cuando le doy historia a un personaje que explica el por qué, las cositas que se van escapando o las pinceladas que vas explicando tienen todo el sentido del mundo. No son gratuitas.

Entonces, Erlinda tiene la ceguera, pero, claro, como fue pintora en su infancia, pues esa ceguera, no es robarte el ver, sino el ver y el sentir. Porque claro su pasión era la pintura, pues ya le da un trasfondo de lo que siente cuando perdió la vista. Que es incluso más importante que el hecho de que esté en silla de ruedas, porque si fuese futbolista, a lo mejor hubiese sido diferente la historia y diferente la forma de enfocarlo. Justamente el tener ese bagaje en su vida, el haber imaginado todo lo que ha vivido o las cosas más importantes que ha vivido, hace que lo que le suceda en el día de hoy, le impacte de una manera o de otra, responda de una manera o de otra y podamos tener esos feedbacks de una manera o de otra.

P.- (A.D.) A mí, menos la ceguera y la inteligencia, me vi reflejado (risas).

R.- Oye, pues perfecto. Porque para mí es uno de los personajes más brutales de la novela.

P.- (N.D.) ¿Sabías cómo iba a acabar la novela cuando la empezaste?

R.- Cuando la empecé a escribir no. Tenía tres finales. Y mi vena cinéfila decía: «este libro (o esta historia, porque todavía no existía el libro) mi sueño sería hacerlo (el libro), llegar hacer la película y hacer los tres finales», como si fuesen el final uno, el final dos y el final tres. Y cuando lleguen al cine, que de forma aleatoria cada uno tuviera un final diferente. Para mí ese sería mi sueño de esta novela. Y lo pensé así. Por eso, hasta que no acabé casi de escribir la novela y de llegar al final, realmente no supe cuál es el que iba a ganar. Ya cuando iba por el último tercio, ya dije: «vale, lo enfocamos de esta manera». Pero no estaba claro cuando empecé a escribirlo, en absoluto.

P.- (N.D.) Me ha gustado la idea de los tres finales en el cine.

R.- Sí, sería una pasada. Imagínate que vas a ver la película y luego dices:

«—Ostras, ¿viste la película?

—Sí, y al final pasa eso…

—No, hombre. Pasa lo otro.» (Risas)

P.- (A.D.) ¿Eres un escritor brújula o lo esquematizas todo antes?

R.- Yo siempre digo que necesito un mapa, pero lo necesito para perderme con la brújula. Esa sería la explicación o la forma que tengo de escribir.

Mira os lo voy a enseñar para que veáis mi mapa. Esto es de Los miedos de Minerva, que es el que estoy escribiendo ahora. Sé que no se va a ver nada, pero tampoco quiero que lo veáis (risas). Es un Excel en una libreta, como soy informático trabajo así. Pero necesito esto, necesito este mapa. Y luego, cuando empiezo a escribir, cojo la brújula y digo: «vale, ¿quiero ir para allá? Pues, bueno, vamos». Y yo sé que según como me haya levantado ese día, se enfocará de una manera o de otra. Finalmente, acaba mandando la brújula en el momento en que estoy escribiendo, pero al menos con el mapa. Porque sí que es verdad, que cuando tienes que escribir un thriller con una serie de hitos y de trampas, tienes que tener eso bien claro.

P.- (A.D.) ¿Y cuál es tu libro favorito, por encima de todos?

R.- Esa pregunta es supercomplicada, como te puedes llegar a imaginar (risas). Y, además, como leo tanto, si me la haces de aquí a un mes a lo mejor te diría otro. También es verdad que depende de quién me lo pregunte, porque intento siempre decir: «este es tu libro favorito, pues para ti yo creo que mi libro favorito sería este».

Yo creo que para vosotros mi libro favorito es Frankenstein. Además, yo siempre lo digo, porque yo cuando me lo leí tenía dieciséis años y buscaba sangre, gore y miedo. Pero cuando me encontré una historia de amor tan intensa dije: «dios, ¿qué está pasando?». La cabeza me voló por completo. Y para mí es uno de los mejores cuentos, cuento por el tamaño, que se han escrito nunca. Me lo volví a leer hace a lo mejor unos diez o quince años y dentro de poco caerá otra vez porque es una auténtica obra maestra. Yo siempre se lo recomiendo a todo el mundo. Se lo recomiendo porque digo: Frankenstein. «No, hombre, es que a mí los monstruos no me van». Tú no sabes lo que es Frankenstein.

A día de hoy, a veintiséis de abril, mi libro favorito es Frankenstein.

P.- (N.D.) En Instagram haces muchísimas entrevistas a escritores, ¿qué es lo que más te ha sorprendido de todas las entrevistas que has hecho?

R.- Lo que la gente llega a disfrutar. Me explico. Cuando empiezo a hacer las entrevistas, sobre todo cuando es gente que a lo mejor no conozco tanto, cuando entrevisto a gente que es casi amigo es diferente, y en el momento que empiezas a hondar un poquito con ellos, sobre todo cuando le hablas de su libro (porque yo intento siempre leerme los libros de las personas que entrevisto, a veces no es posible por temas de tiempo) y le explico lo que siento con la novela, es increíble la magia que surge en ese momento.

Yo nunca me hubiese llegado a imaginar que hablando con alguien por un móvil pudiésemos emocionarnos tanto los dos: yo explicando cómo he sentido su novela y el escritor tan agradecido por escucharlo. Es una auténtica barbaridad. Emocionalmente hablando, es una bomba espectacular. Yo cada vez que puedo vivir ese momento con el escritor, cuando hablamos de su libro (y sin spoiler, solo de lo que yo he sentido al leerlo, porque no podemos decir nada más) es una gozada. Por eso, cada jueves hago una entrevista y es que siempre digo que hago las entrevistas para los demás, pero realmente es que me lo paso tan bien cuando hablo con los escritores y cuando creamos esa magia juntos. Que vamos, eso me lo dicen y yo digo: «sí, claro». No me lo hubiese creído en la vida.

P.- (A.D.) Otra pregunta, quizá duda, porque yo lo hago todos los días. ¿Escribes con música?

R.- Escribo con un río. Tengo una aplicación de sonidos de ríos, de agua y demás. Esa es la música que me pongo. Y me va superbien. La verdad es que la descubrí porque como estoy en casa a veces y están los pequeños, pues me puse esa música, y genial.

P.- (A.D.) Yo a lo mejor me imaginaba algo así como Rock and Roll (risas). Una cosa es la música y otra la narrativa.

R.- Para pensar la historia sí que me va muy bien la música. Porque hay dos fases, la parte de crear la historia y luego la fase de escribirla. Entonces, para crear la historia me cojo mi perrita, me voy a sacarla de paseo, me pongo la música y a darle. Incluso a veces la música te va diciendo por dónde tiene que ir la historia. O a veces te esperas «ahora viene la canción buena…, vale». Me espero, cuando viene la canción buena, a darle (risas).

P.- (A.D.) Es cierto que tu novela no encaja bien en un género concreto, ¿qué género crees que encaja mejor contigo?

R.- Yo es que digo «ostras, a mí me encanta escribir romántica y me encanta leer thriller». Y yo creo que de ahí ha surgido Mentiras que dan magia, de esa mezcla rara. Porque mi idea tenía una connotación, a la hora de escribirla plasmó otra connotación que era lo que quería escribir, y por eso no tiene un género fijo. Es más, incluso hay gente que cuando me dice que se la ha leído dice: «qué toque romántico tiene el libro». Luego me dice otro: «no he podido dejarlo, porque están intenso, tanta tensión. Me ponía hasta nervioso». Y dices, ¿pero estamos hablando del mismo libro o no estamos hablando del mismo libro? (risas). Como está diluida toda esa parte, no hay una parte que destaca.

Creo que es el propio lector el que imprime el género en el libro, por las expectativas que pueda tener, por lo que le gusta leer en sí o por cómo haya rellenado los huecos. Yo siempre digo que Mentiras que dan magia es un puzzle a medias. Yo lo plasmo, lo voy dejando ahí, con huecos, y cada lector va intentando deducir cuáles son los huecos. Y depende los huecos que le pongan, yo creo que está leyendo un libro u otro. Las definiciones han sido tan dispares que hasta yo mismo me he quedado alucinado de la forma tan diferente que han tenido de sentir la misma historia.

Hay una situación que pasó, supercuriosa. Hicimos una lectura conjunta con ocho lectores y cuando ya acabamos la lectura conjunta y habíamos llegado al final, una chica me dijo: «ostras, ¿y por qué dijiste eso en el libro?» (no voy a decir qué es porque hay spoiler). Y yo dije: «yo nunca he dicho eso». Y, entonces, todas, porque eran todas chicas, dijeron: «sí, sí. Sí que lo dijiste».

Empezamos a mirar en el libro, y dije «os voy a leer lo que escribí: tacatá, tacatá, tacatá. Yo en ningún momento he dicho esto». Pues las ocho personas habían leído que había pasado eso en la novela. Una cosa que no había sucedido. Yo lo había sugerido, sí que es verdad. La intención estaba, pero en ningún momento lo había escrito. Se quedaron pasmadas todas y yo también (risas) porque habían pensado algo que no existía en el libro y yo por haber conseguido algo tan difícil como es sugestionar al propio lector. Una pasada.

P.- (A.D.) Lo más difícil desde luego…

R.- Sí, sí. Llegar a hacer que la gente piense lo que tú quieres sin haberlo dicho. Mucha parte de la novela es así. Por eso digo que si esta novela te la lees dos veces, leerás una novela diferente.

Y hay tres personas que ya se han leído la novela por segunda vez. Yo estoy alucinado cuando me lo dijeron, porque yo me leo un libro una vez. Me leo dos veces un libro, pero, yo que sé, al cabo de diez o quince años. Pues, claro, en los seis meses que lleva publicado ya hay tres personas que se lo han leído dos veces y es lo que me han dicho «estás leyendo un libro diferente». Porque ya sabes los huecos, lo que significan y entiendes muchísimas cosas que antes o no te habías dado cuenta o lo habías interpretado de forma diferente y es como leer una historia diferente. Yo la verdad es que lo escribí con esa idea, pero pensando que nadie se la iba acabar leyendo dos veces.

Para que tuviese esa multidimensionalidad de diferentes posibilidades, tendría que estar las piezas por ahí diseminadas para que cada uno coja las que quiera. Haberlo conseguido para mí es un logro. Para mí es un éxito.

P.- (A.D.) ¿Y las siguientes historias van por el mismo camino?

R.- La siguiente historia que es la de Los miedos de Minerva es más thriller psicológico. Entonces, es más intenso, por decirlo de alguna manera.

P.- (N.D.) ¿Crees que vas a escribir alguna novela romántica?

R.- Seguro, porque me encanta.

P.- (N.D.) Me ha sorprendido mucho, no sabía que te gustaba la romántica.

R.- Sí. Lo que pasa que cuando empiezo a escribir la vena puñetera, por decirlo de alguna manera, me gusta mucho escribirla. Es la que me gusta leer. Entonces, al final acaba contaminando.

Pero, por ejemplo, ahora estoy escribiendo un libro a cuatro manos con Julia Caso y es un libro de relatos alrededor de una academia de música, donde hemos dicho que vamos a contar cada uno un personaje y que sean historias diferentes. Y me han salido dos de thriller muy intenso y la que estoy escribiendo ahora, que quiero acabarla esta semana, es romántica, romántica. O sea, que cuando se publique y demás ya te diré cuál es, la protagonista se llama Mika. Es más, para lectora cero a lo mejor te lo comento, ya veremos.  

P.- (N.D.) Bueno… a lo thriller psicológico seguro que sí, pero romántica… (risas). No tenemos muchos libros de romántica, nosotros somos más de caña. Pero me atrevo con todo.  

¿Y hasta dónde te gustaría llegar en el mundo de la escritura? ¿te plantearías en un futuro dejar tu trabajo actual y vivir de la escritura?

R.- Hombre, si se diese me encantaría hacerlo. Porque con lo que disfruto escribiendo y lo que disfruto con las entrevistas o incluso ayudando a otros escritores que están comenzando. Hoy, por ejemplo, un chico me ha enviado su primer capítulo para que le diese un vistazo, para haber que me parecía. Para mí es una gozada poder ayudar a alguien, si yo pudiera dedicarme a esto…

No solo la parte de escribir, porque hace tres días hice la presentación del libro, seis meses tarde (bueno, es lo que hay con el covid), hice la presentación real, en vivo aquí en Viladecans, en mi ciudad. Y cuando hablé con el encargado del centro cultural me dijo: «nos encantaría que vinieses a hacer durante un trimestre unas sesiones de escritura, de escritura creativa. Porque lo vives, se te ve que vales para poder transmitir». O sea que todo eso, no solo escribir, sino todo lo que rodea la escritura a mí me encantaría. Sí, sí, sin lugar a dudas. Que pueda llegar a hacerlo, no lo sé.

P.- (A.D.) Hablando de literatura…, ¿me parece que esta semana pasada te ha llegado un paquete?

(N.D.) ¿Te explicamos un poco de qué va la cadena?

R.- Sí, ve me diciendo. Sí, sí.

P.- (N.D.) Nuestra idea inicial era dar algo a los escritores, en físico era nuestra previsión. Y aportarles algo para que puedan conocer a otros escritores, porque normalmente entrevistamos a gente que no se conoce mucho. Entonces, siempre les preguntamos al final de la entrevista cuál es el libro que le gustaría regalar de los que ha escrito, si ha escrito más de uno, al siguiente escritor y por qué.

Nuestro anterior entrevistado fue Íñigo Sota y ha elegido ese libro que vas a abrir…

R.- El sueño más profundo, de Íñigo Sota. Genial, perfecto. Pues, muchísimas, muchísimas gracias. Además, es la segunda edición. De Niña Loba conozco gente que ha publicado con ellos… Pues, oye, genial. Mil gracias. Me pondré en contacto con Íñigo para darle las gracias.

Yo creo que, para un escritor, mejor regalo que un libro no hay. Porque son trocitos de sí mismo. Para mí es una gozada. Aunque sea el día del libro ahora y me he comprado muchos libros estos días, perfecto.

P.- (N.D.) Bueno… y tu libro, te preguntarías si tuviese más de uno (risas). Pero Mentiras que dan magia lo regalaremos al próximo o próxima, ya veremos… Ya sabemos quién es, pero no lo vamos a decir.  Porque no se puede decir.

(A.D.) Antes de nada… Se me acaba de ocurrir algo, ¿te gustaría darle un mensaje al próximo escritor?

R.- Sí, claro. No sé quién es. Pero si yo le tuviese que dar un consejo o idea, le explicaría mi truco que utilizo para escribir que yo, además, en una entrevista lo pensé así y es que es verdad que funciona. Yo siempre digo que mi control de calidad de lectura es mi piel. Si mientras he escrito se me ha erizado, es que lo que he escrito está bien. Y la verdad es que lo he utilizado en casi todos los capítulos. Siempre intento que acaben con algo que me emocionen. Si ese capítulo acaba erizándome la piel, si ha pasado ese control de calidad, como digo yo, es que vale la pena que esté escrito.

Como consejo podría decir que utilizásemos nuestra piel como ese control de calidad de escritor, que yo creo que es infalible, que no falla nunca.

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Íñigo Sota

Íñigo Sota – Escritor de suspense

Después de una parada para tomar aire, cogemos el micrófono de nuevo y nos perdemos por las historias de Íñigo Sota. Un escritor que hilvana con precisión el carácter de sus personajes y vive la literatura con calma y pasión.

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