ÍÑIGO SOTA

Después de pausar las entrevistas, sin saber qué hacer con nuestro proyecto, nos dimos la oportunidad de pensar durante unos meses. Perder la magia de las entrevistas en persona nos dolió mucho, pero cogemos el micrófono de nuevo y volvemos con fuerza. Y qué mejor elección que el escritor Íñigo Sota. Un escritor que hilvana con precisión el carácter de sus personajes y vive la literatura con calma y pasión. 

Íñigo Sota es un escritor que no publica porque sí. Repasa sus novelas con esmero y solo muestra al público aquellas que merecen la pena enseñar. Eso justifica su ausencia de diez años entre la publicación de su primera y su segunda novela. Si bien, la espera ha merecido la pena.

Sin embargo, él nunca ha dejado de trabajar, pues además de haber hecho guiones cinematográficos y un teatro por encargo, escribe en un periódico regional. También fue premiado por su relato Casi cadáver.

Y quién sabe que más sorpresas nos depara este formidable escritor… Tiene un futuro muy prometedor, eso es seguro.

Obras: 

Muchas gracias Íñigo Sota por tu simpatía, por enseñarnos tantas cosas y por acogernos en tu pequeño mundo literario.

Agradecimientos también hacia la editorial Niña Loba por ser tan amables siempre con todos sus lectores. 

ENTREVISTA

P.- (N.D.) ¿Qué significa para ti ser escritor?

R.- Bueno, lo primero, gracias a los dos. Me hace muchísima ilusión hablar con vosotros, porque hablar de literatura en general siempre es bueno, y, para una persona como yo, que os voy a contar, ¿no? Y encima con personas que sé que han leído mi libro, que al final tienen interés por este mundo y que podemos hablar un poco de tú a tú, más allá de la novela.

Ser escritor para mí… Es una pregunta un poco complicada, porque tengo ahora treinta y siete años y he tenido diferentes etapas. A mí nunca me ha gustado llamarme escritor, me ha costado bastante, porque tengo muchísimo respeto a la palabra en sí. Porque cuando he hablado de escritores/as les he tenido siempre mucho respeto, para mí han sido referentes y de los que he aprendido mucho. Por eso, le tengo mucho respeto a esa palabra.

Ser escritor es, al final, vivir de una manera. Suena un poco tópico, pero al final yo escribo e incluso dormido piensas en escribir, en tus historias y lecturas. Vas al supermercado y piensas, estás trabajando y piensas…. Intentas buscar un hueco para escribir, y cuando no lo tienes, intentas por todos los medios seguir escribiendo esa novela que tienes entre manos, ese poema o lo que tengas. Y, al final, es eso: una forma de vida.

P.- (A.D.) Bueno, como en palabras de Javier Azpeitia, que la escritura es para él su amante. Depende de la visión de cada uno, y de cómo se tome la literatura. En mi caso, yo intento que sea una forma de vida.

Entonces, ¿cómo surge tu pasión por la escritura?

R.- Desde pequeño tuve cierta relación con el arte: pinté muchísimo cuando era niño, a los once o doce años tuve mucha relación con la música y empecé a tocar el piano. Hacia los catorce o quince años me di cuenta que lo que más me llenaba, o en lo que mejor me desenvolvía, era en la escritura de cuentos. Y surge de ahí, la necesidad de expresar lo que yo tenía dentro. Y lo demás, ha venido un poco solo. Ha sido un proceso muy natural.

Después, estudié comunicación audiovisual. Llegué al mundo del guion cinematográfico por casualidad, porque la parte de la comunicación que más me gustaba era la periodística o informativa. En esta carrera, cuando yo la estudié, había mitad y mitad; llegué al mundo del guion con ciertas reticencias, porque no sabía si me iba a gustar. Y cuando ya me di cuenta de que había herramientas para poder escribir una historia de ficción (que, al final, es lo que te enseña el guion), empecé como un loco. Y bueno… vino de ahí. Pero fue algo muy natural. No puedo decir que fue un momento concreto, una conversación con alguien, una lectura específica de algo. No, fue algo bastante natural. Es una forma más de expresarme en mi vida.

P.- (N.D.) ¿Cuáles son tus autores de referencia de novelas y/o teatros?

R.- Ya que dices teatro, empiezo por el teatro. No soy muy mitómano, pero tengo en un pedestal a Henrik Ibsen. Me encanta de siempre. Y es que lo que más he leído es novela. Teatro… Pues, Shakespeare, qué vamos a decir, hay muchísimo teatro. Pero mi especialidad es la novela, tanto como autor como lector. Y mis referentes tienen mucho que ver con la literatura de suspense: Patricia Highsmith, por ejemplo. Si tengo que decir tres, una es ella en ese olimpo de escritores. Shirley Jackson, Stephen King… El cine y la literatura de terror me han influido mucho. Hitchcock, por supuesto. Pero, yo creo, que en literatura serían esos tres: Stephen King, Shirley Jackson y Patricia Highsmith. Y bueno…, luego muchos clásicos. He leído de todo, pero yo diría que esos tres.

Esto no lo había preparado, lo juro (risas). Me sale natural, porque, cuando escribo, me doy cuenta a posteriori de que efectivamente hay están.

P.- (A.D.) Aunque es una pregunta que puede incomodar… ¿Cómo ves el panorama editorial en la actualidad?

R.- A mí me gusta diferenciar mucho, sin ser yo un experto en estas cosas porque yo me dedico a escribir y poco más, entre literatura y mundillo literario. Creo que una cosa es la literatura, por qué uno llega a la literatura y por qué la literatura llega a ti. Y otra cosa muy diferente es meterte en el jardín del mundillo literario, y más en una época en la que vivimos, en la que hay muchas formas de editar y de difundir tu obra.

Todos sabemos, supongo que estaréis de acuerdo conmigo porque os habrá tocado escuchar experiencias de gente o igual vosotros mismos, que ahora hay mucha picaresca. Hay mucha editorial que se vende como editorial que no lo es, que son una imprenta. Hay muchas cosas ahí. Yo creo que hay que tener mucho cuidado, porque según con quien te relaciones, la autoridad que le des a esa persona… ¡Cuidado con eso! Yo siempre digo que, si tienes dudas de si estás dando los pasos correctos, por favor vuelve a escribir, y escribe. Porque, al final, eso no te lo va a quitar nadie ni lo va a desvirtuar nadie. Un mal consejo puede echar por tierra muchos años de literatura y de creación. Cuidado con eso.

Yo sí que diferenciaría. Es un mundo, ahora mismo, muy complicado. Me gustaría ser más optimista, pero creo que hay mucho listillo por ahí intentando sacar tajada. Hay que tener cuidado.

P.- (N.D.) Hemos leído que has escribo libretos de teatro y que incluso se han representado, ¿te sientes cómodo con el teatro o prefieres escribir novela?

R.- Voy a ser totalmente sincero. Yo en el teatro escribí solo aquella obra, y lo hice por encargo. Fue para mí un lujo y una suerte que contaran conmigo. Aprendí muchísimo de aquella escritura. Pero no es donde me siento yo más cómodo, me cuesta cerrar el foco a un mismo escenario y, en ese sentido, tiendo a viajar yo mismo a muchísimos espacios, entornos y personajes. Quizá, el teatro no lo he manejado tanto como para sentirme cómodo.

Esto lo digo ahora, y lo mismo dentro de tres años os diría «estoy escribiendo por un tubo, porque por fin he dado en esa tecla que me gusta». Para mí fue una experiencia muy nutritiva porque aprendí mucho, pero por mi mismo no he escrito teatro todavía. Pero bueno…, me gusta mucho verlo, los códigos que maneja y sobre todo leerlo me encanta, también.

P.- (N.D.) A nosotros nos encanta el teatro, pero es muy difícil encontrar a escritores/as que escriban y publiquen teatro. Porque se escribe, pero no se publica.

R.- Sí. De hecho, hace unos años descubrí a Amélie Nothomb. Es una autora belga, que escribe en francés, y son novelas cortas siempre. Es muy mordaz. A mí me gusta mucho porque tiene una forma de contar que es muy de cuento, muy de terror. Es una pasada lo que logra transmitir en tan poquitas páginas. Tiene mucho diálogo y muy poca descripción, y recuerda mucho al teatro. Si os gusta el teatro, os la recomiendo; porque es muy dialógica, es muy hollywoodiense. Tiene ese toque a lo Woody Allen. Me gusta también por eso, porque es como muy teatral.

P.- (A.D.) Es curioso que hemos leído por ahí, investigando a Iñigo Sota, que comienzas las novelas (no sé si todas) a partir de un guion.

R.- Sí, esto es lo de brújula o mapa (risas).

Mi formación es de guion, y lo primero que te enseñan es una estructura clásica, que viene de Aristóteles. La clásica estructura de planteamiento, nudo y desenlace. Y, por otro lado, mi personalidad organizativa, soy una persona muy organizada y me gusta tenerlo todo ordenado, sin ser maniático. Pero sí me gusta tener cierta seguridad de que los pasos que voy dando llevan a algo. Eso no quita, que a mí me ha pasado, hacer un esquema y empezar a escribir y en el quinto capítulo echarlo por tierra o empezar de cero o decidir que el derrotero tiene que ser otro. Pero sí que me gusta empezar un poco por ahí. Además, creo que la forma clave para que de alguna manera encajen las piezas de la novela es partir de un esquema. Me resulta más fácil. Y creo que luego todo encaja mejor.

A veces, es un problema. Porque me dicen «¿y no crees que eso resta frescura o igual es previsible?», bueno… no tiene por qué. Porque si tú empiezas a manejar los códigos del suspense, los mecanismos de la sorpresa, hacer que un personaje parezca una cosa y luego es otra… Al final si tú aprendes esos códigos, también eres capaz de sorprender. Está ahí el reto. Intento partir de un esquema porque me da seguridad.

P.- (A.D.) ¿Es más fácil ser escritor o guionista en España?

R.- Guau, ¡qué pregunta! (risas). Yo creo que no es fácil ninguna de las dos. Cuál más o cuál menos me resulta difícil. Vender un guion en España, yo creo… no te diría que imposible, pero… Yo durante una época escribí muchísimo guion. Fue un poco mi campo de pruebas. Vendí alguna cosa, pero es más fácil a lo mejor tener cierta carrera y que la gente venga a ti; como, por ejemplo, en el caso del teatro. A mí me pidieron ese guion de teatro porque conocían lo que escribía y me dijeron «¿te interesaría hacer algo con este enfoque?». Pero para eso, primero hay que difundir muchísimo y ser capar de, entre comillas, regalar lo que haces, para que la gente lo vea y pueda acudir a ti en busca de ese estilo que están buscando.

Pero no podría decirte cuál de los dos es más difícil, porque es muy difícil también publicar un libro ahora mismo. Por mucho que parezca fácil, es complicado.

P.- (A.D.) Resumiendo, que todo lo que viene siendo el arte y la literatura es complicada, se mire por donde se mire. Y más ahora.

R.- Totalmente de acuerdo.

P.- (A.D.) En referencia a tu última novela, El Sueño Más Profundo, que pude leer gracias a tu editorial Niña Loba. No sé tú que eres el creador, pero yo le tengo mucha tirria a Ruth y, sin embargo, le tengo cariño a Laura.

¿Cómo nacen esos personajes? ¿Como escritor, tienes algún sentimiento respecto hacia esos personajes o eres más frío, te dejas llevar, lo escribes y ya está?

R.- Empiezo por el final, si te parece.

A los personajes cariño se les tiene, pero sí que intento tomar distancia porque es la única manera de que sus acciones y sus palabras resulten realistas, de acuerdo a lo que es el personaje. Yo paso mucho tiempo creando los personajes.

Como lector, creo que una novela que he recordado, la he recordado sobre todo por los protagonistas y no tanto por la trama, aunque también me parece importante. Cuando un personaje es fuerte, es potente, lo recuerdas. Podemos poner miles de ejemplos de la literatura universal y contemporánea. Creo que la distancia es necesaria sobre todo para lograr ponerte en la piel. Hay un ejercicio de empatía también. Pero, como el agua y el aceite, sin mezclar. Porque si ya te involucras demasiado en el personaje, corres el riesgo de que no sea la historia completamente suya y sea más tuya.

Es complicado, cuando son dos personajes llevados tan en paralelo, que la balanza (para el lector, digo) no caiga hacia un lado o hacia otro. Es muy complicado hacer un fifty-fifty total. Yo me he encontrado las dos versiones: gente que le tiene cariño a Laura (que, es más) y otras que le tienen odio o tirria. Con Ruth hay bastante consenso, es un personaje bastante odiado (risas). Lo cual me gusta, porque cuando provocas algo dices «algo he hecho bien, ¿no?». Lo peor es que me dijese alguien «pues ni fu ni fa, me da igual cualquiera de las dos». Cuando se decanta la balanza, al final es una buena señal de que el personaje ha funcionado y tiene una dimensión.

Esta historia, como curiosidad, os contaré que en origen estaba ambientada en un lugar de costa, nada que ver con Pamplona. Eran dos personajes completamente distintos, eran también dos hermanas, pero tenían un pasado muy diferente. Era una trama diferente. Y cuando llevaba cuarenta o cincuenta páginas la aparqué porque me di cuenta de que no funcionaba en ese escenario y con esa trama.

Me di un tiempo, que fue bastantes meses, para darle una vuelta y pensar un poco por dónde llevarlo. Y, de repente, un día me di cuenta que necesitaba un escenario potente para poder desencadenar muchas cosas de las que yo quería desencadenar con ellas. Porque, ya que la has leído, no sé si conoces Pamplona, pero es una ciudad muy especial. Muy de contrastes. Hace muchísimo frío y, es como las novelas nórdicas, que el clima parece que siempre afecta un poco. Esto es algo parecido, sin ser tan frío. Y yo necesitaba ese escenario donde situar una historia basada en la frialdad, en ese odio que se tienen. Y cuando di con el escenario, que lo tenía tan cerca, además, ya ahí me puse en marcha y salió tal cual la has podido leer. Este es el origen de esta novela.

P.- (A.D.) Dentro del proceso creativo, ¿eres un escritor que cuando te bloqueas, como en este caso que no encontrabas esa ubicación, paras la creación literaria, sea cual sea, hasta que encuentras la respuesta?

R.- La freno, pero no de una manera muy rotunda. Como esas páginas, las dejé ahí en stand-by, me puse a leer y escribir otras cosas. Porque al final yo creo que no hay que parar, pero sí que esa, entre comillas, iluminación, como os cuento del escenario, viene de repente. Eso fue un duerme vela una noche. Quiero decir que no me senté un día delante de una hoja y empecé a pensar a ver qué escenarios pueden ser; si no que fue un día que, de repente, vino. Quizá, con otras novelas, lo tenga más claro desde el principio o sea mucho más fácil dar con ello. Pero, en este caso, fue así.

Lo dejo, pero no lo dejo. Lo sigo teniendo un poco en la cabeza. Es la manera de que las ideas sigan fluyendo, pero sí que me intento concentrar en otras cosas para no tenerlo todo el día enquistado. Esa es un poco la forma que tengo de hacerlo.

P.- (A.D.) ¿Y eres silencio a la hora del proceso creativo? ¿No lo cuentas nada a nadie o, como a mí me gusta expresarlo, haces como Gabriel García Márquez que hablaba de las historias, pero no de lo que escribía?

R.- No me gusta, porque soy un poco supersticioso con esto (risas): prefiero no contar nada del proyecto, vaya a ser que se gafe (risas).

Pero… más allá de eso, como anécdota y como chiste, no me gusta hablar hasta que no tengo claro donde empiezo y donde acabo más o menos. No quiero que nadie lo sepa. No por nada, sino por no crear falsas expectativas. Los escritores tendemos mucho, sobre todo cuando estamos fraguando la historia, a exagerar, entre comillas, desde la ilusión, sin ninguna mala intención. Pero es verdad que de repente una idea te seduce y llegas a mitad de la novela y dices: «Vaya mierda. Vaya idea que he tenido. Esto no sirve para nada». Y es por eso más que nada, por no crear falsas expectativas.

P.- (N.D.) Yo tengo que decir ante Ruth y Laura, que me encantaron los personajes por la cantidad de matices que tenían. No llegaba al punto de odiar a una y que la otra me encantara, sino que las dos tenían sus razones para hacer lo que hacían. Y eso me encantó.

¿Hasta dónde te gustaría llegar en el mundo de la escritura?

R.- Lo primero agradecer lo que has dicho, que me hace mucha ilusión.

¿Hasta dónde me gustaría? pues, ya no soy ese tío idealista; que igual por idealismo pensaba en su día «ojalá llegue a firmar en la feria del libro de no sé dónde, ojalá venda no sé cuántos ejemplares u ojalá se me conozca en… China, no sé.». Ya no pienso tanto en eso, pienso en la página de mañana o en la que voy a escribir hoy. Porque me he dado cuenta que, volviendo un poco a lo de antes, en el mundo literario esa historia que nos venden de que «quien la sigue, la consigue», «si tienes mucho talento, triunfas», «si curras mucho, triunfas», pues no es así. Esto es un poco jarro de agua fría para quien empieza.

Si yo me lo dijera ahora, al Iñigo que tenía veinte años, diría «pero tú de que vas, tú déjame ilusionarme, déjame desear». Pero no, yo creo que al final hay muchos factores, y hay uno que es la suerte. Y esto es así, y hay que asumirlo. El talento es importante, currar es importante, leer muchísimo es importante, pero siempre hay un factor que es la suerte: estar en el lugar indicado, en el momento indicado. Entonces, prefiero centrarme en el hoy, en lo que escribo ahora, en lo que pueda hacer yo y en lo que dependa de mí. Mañana lo que tenga que ser será.

Si un día publico una novela que es un pelotazo y, no sé, hago una gira mundial, pues mira, bienvenido sea. Tampoco sé si con eso sería más feliz. No lo tengo claro, tampoco. Porque para mí no hay mayor felicidad en estos años, yo llevo escribiendo veintipico años ya, que poner punto y final. Esto siento que suena otra vez a tópico, pero es que es verdad. Aunque luego, lo reescribas mil veces. Aunque luego, corrijas un montón de cosas. Ese punto y final, de decir: «ostras, he sido capaz». Ahora mismo para mí no hay nada más que eso.

Solo hay una cosa mejor: cuando lectores (por ejemplo, tú como has hecho ahora) me dicen «cuánto disfruté esto». Solo eso supera la sensación de haber terminado. Luego ya lo que pueda venir, será lo que tenga que venir.

P.- (N.D.) ¿Y tienes nuevos proyectos para un futuro cercano?

R.- Cercano, cercano, complicado. Porque este año 2020, como para mucha gente creativa, ha sido complicado. La concentración ha sido complicada.

Tengo una novela corta ya terminada. No tiene nada que ver con Un sueño más profundo, es un género totalmente diferente. Tiene mucho más de mí. No es autobiográfica, pero en cierto modo sí.

Luego, tengo un par de proyectos por ahí parados, con notas. Y tengo también una secuela del sueño, porque cuando escribía tomaba muchas notas con cosas que me hubiera gustado meter en esa novela, pero lógicamente no merecía la pena en ese momento. Tampoco se trataba de hacer un libro de dos mil páginas. Pero entre las notas que tenía, las cosas que tenía claras y lo que me estáis transmitiendo los lectores con esta historia, creo que me voy animar a escribir una segunda parte. O más que segunda parte, algo más bien complementario, para contar más cosas que quedaron un poco en el tintero. No voy hablar ahora, por no hacer spoiler (risas).

P.- (A.D.) Desde aquí, la enhorabuena por la segunda edición. Con tus palabras ya me quedo a la espera de esa segunda parte, si decides empezarla. Y, por supuesto, con la que estás escribiendo o la que has terminado.

R.- Muchas gracias. Pues ojalá sí, y ojalá sea pronto. Yo creo que me cuesta un poco, por el tema de la concentración. Pero tengo grandes planes para esos personajes.

P.- (A.D.) ¿Cuántas historias duermen en un cajón hasta que realmente nace una que merezca la pena publicar?

R.- Sí, yo creo que esto te lo da la experiencia. Cuando eres más joven dices «todo lo que escribo quiero publicarlo», todo te parece bueno. Pero luego, van pasando los años, vas aprendiendo, mejorando, vuelves a textos antiguos y te das cuenta de que no eran. Estabas en ese momento un poco obnubilado, con la prisa de publicar y de que la gente te leyera. Pero creo que es un aprendizaje: no todo lo que uno escribe es publicable. No por nada, ojalá todo fuera publicable, pero es que no.

Irremediablemente hay historias que sirven para aprender muchísimo. Y no son para nada tiempo perdido, al revés, son para aprender, para practicar, para conjugar diferentes formas narrativas, para probar. Hay que aprender a saber lo que uno debe publicar y lo que no.

Yo tengo en el cajón cuatro novelas, antes del sueño. Y esta, cuando me lancé a publicarla, no sé si la había reescrito tres o cuatro veces. Quería estar seguro de que lo que salía merecía la pena, al margen de los gustos de los lectores. Por lo menos que cumpliera un mínimo, de decir «joder, pues igual esta no me ha llegado, pero está bien escrita» o «no me parece que está bien escrita, pero qué personaje se ha marcado este tío». No sé, que tenga suficientes ingredientes para cumplir un mínimo de lo que yo quiero. Porque, al final, como autor te la juegas y te desnudas, entre comillas, con la novela; aunque no vaya de ti literalmente. Yo creo que eso es un aprendizaje de escribir.

P.- (N.D.) Bueno, ya para terminar… No sé si habrás visto alguna otra entrevista que hemos hecho…

Queríamos hacer un proyecto, cuando empezamos, sobre una cadena literaria para que unos escritores-entrevistados y otros se conocieran. Para eso, pedimos a nuestros entrevistados que nos digan qué novela les gustaría que regalásemos al siguiente. Este es el libro que eligió Conchi Aragón, la anterior entrevistada (libro que abrió en directo Iñigo Sota durante la entrevista).

R.- Masada, el secreto mejor guardado. ¡Qué bien! Pues no la conozco, la verdad. Tiene muy buena pinta, ¿es novela histórica, no?

P.- (N.D.) Sí, aunque ella escribe sobre todo suspense. Pero esta es su última novela, aunque ha escrito algunos cuentos infantiles, es la última que publicó cuando la entrevistamos. Y, sí, es histórica.

R.- Pues, fenomenal. No conozco a la autora y la verdad es que tiene buena pinta. Además, está un poco alejado de lo que yo suelo leer. Así que me viene muy bien, porque a veces me gusta cambiar y hay que leer de todo.

Pues, muchísimas gracias.

P.- (N.D.) Queremos preguntarte, sabemos que tienes dos novelas publicadas, ¿cuál de las dos quieres que regalemos al próximo entrevistado? Y ¿Por qué?

R.- Si tuviera que elegir una novela que no fuera mía, lo tendría muy claro. De las mías es muy difícil, porque son solo dos y son muy diferentes. Pero yo creo que vamos a apostar por el sueño. No por nada, sino porque la primera novela es muy precoz. Le tengo muchísimo cariño y a lo mejor vuelvo a ella alguna vez, pero creo que es muy precoz y va a disfrutar mucho más con El sueño más profundo.

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