
Más allá de una bonita edición, El Evangelio de Elisa Victoria es una novela que me ha cautivado. Es un libro muy bien escrito, con unos personajes bien construidos y una trama coherente. Sin vueltas de tuerca ni acrobacias imposibles. Este tipo de historias me recuerdan que se puede escribir bien sin necesidad de girar y girar como una peonza.
El contenido puede ser controversial para algunas personas, dado que la trama se basa en que Lali, una joven estudiante de Magisterio, tiene que hacer prácticas en un colegio de monjas y ella es abiertamente atea, así como su familia. Además, se desvela la falta de recursos en la educación pública, entre otras muchas cosas. Sin embargo, no tienes que seguir fielmente las opiniones de ningún personaje y/o autor, pues no es un ensayo ni un mandato con directrices. Te animo a leer sin prejuicios.
Llegué a esta historia a través de la Biblioteca Pública. La conocía por haber visto el libro muchas veces en Redes Sociales, pero nunca me había llamado suficientemente la atención para comprarlo. Así que, cuando lo vi en las estanterías, pensé que sería el momento perfecto para saber qué era lo que llamaba tanto la atención de este libro que recuerda a una Biblia.
No tenía las expectativas muy altas. Al contrario que otros lectores, que suelen tener mucho hype (como le dicen ahora a tener grandes expectativas) con libros que todo el mundo lee por novedad o fama. Yo siempre, o al menos casi siempre, me enfrento con la curiosidad de un niño, sin esperar nada a cambio. En este caso, recibí más de lo que esperaba.
La historia no es nada del otro mundo, es más bien sencilla, pero la pluma de la escritora me parece tan buena que pienso seguir leyendo sus historias. Su ficción es muy realista, una chica normal con problemas normales, lo que hace que traspase el papel y te sientas parte de su realidad.
Es una novela escrita en primera persona, lo que ayuda mucho a empatizar con las ideas de la protagonista. Además, es una lectura fácil, que apetece en cualquier momento del día, incluso si estás cansado y metido en la cama. Los capítulos varían un poco en tamaño, algunos son bastantes largos y otros más cortos, pero es sencillo cogerle el hilo aunque te lo dejes a la mitad (yo lo he hecho).
Para mí, los buenos libros no son aquellos que te hacen comerte las uñas hasta el final, sino en los que te quedarías a vivir. Sientes que los personajes son parte de ti y conoces su mundo como si fuera el tuyo propio. Es cierto que para algunos lectores no acostumbrados a este tipo de libros, puede parecerle algo aburrido o insulso, así que es mejor dejarte llevar.
Tiene un toque irreverente, a la par que reflexivo. El picante perfecto para un libro diferente. No me extraña que haya tenido tanto éxito. Además, el final me pareció la guinda del pastel, es justo el punto que a mí me gusta. En mi opinión, merece la pena su lectura.
