La Doncella de Hierro – Un instrumento de tortura medieval

la doncella de hierro

Podcast: leyenda narrada

Cuenta una leyenda...

Las gotas caían incesantemente desde su frente a la mesa, donde procuraba con delicadeza tallar una pieza que a la vista parecía un increíble ducado de oro. No quería que la moneda se impregnara de humedad o podría destruir la magia de la transformación. Así que, se secaba constantemente con una tela desgastada y ennegrecida que le proporcionaba un aspecto indeseable. Pero qué más daba, si era agosto de 1515 y en unos días conseguiría huir del país vendiendo su mejor falsificación hasta la fecha. Unos adinerados señores de Nuremberg querían una espada con sello de calidad y quién si no él podría forjar la mejor. Salvo que entraran en batalla no iban a darse cuenta de su verdadera condición, no era sino solo el truco de un viejo mago. 

Salió a la calle para respirar un poco de aire accediendo al mercado de la ciudad. Se paraba a observar las cartografías. Rascaba su barba y la acariciaba sutilmente mientras memorizaba algunas de las rutas más recónditas. Quería dirigirse al continente recién descubierto. Había todo tipo de habladurías sobre aquellas tierras lejanas, pero él soñaba con encontrar una zona libre y salvaje, llena de nuevos objetos por descubrir. Miraba una y otra vez el mapa, mientras la gente le empujaba y llenaba sus pies descalzos de fango. España tenía que ser paso obligado, pero… La Inquisición no estaba en sus planes. Si lo descubrían no obtendría el perdón. Historias de todo tipo de torturas llegaban a sus oídos: quema de brujas, rotura de huesos, desmembramientos… Tendría que arriesgarse, pensaba mientras se masajeaba las sienes con la punta de sus dedos. 

Tres días después estaba preparado para el intercambio. De su cadera colgaba una bolsa con unas pocas monedas que tintineaban al son de la caminata. Pronto pesaría un poco más y entonces sí le preocupaba su seguridad. Esconderlo bien y evitar el ruido del choque entre ellas era primordial para el camino, hasta coger el barco en España. 

El hombre le daba vueltas a la espada entre sus manos, libres de callos, con un semblante serio, espalda recta y barbilla alta. Como si supiera lo que hace, pensaba Derek con la miraba baja y una sutil sonrisa en los labios que solo su pecho podía ver. La mujer que a pesar del sofocante calor llevaba puesto un chaleco de piel natural le miraba de reojo de arriba a abajo a la vez que tocaba sus joyas con las yemas de los dedos, una a una.

El marido, tras un rato de análisis, dijo que había trato, parecía de muy buena calidad. «Claro que lo es, señor», acertó a decir Derek esbozando una dulce sonrisa. No le miró a lo ojos, porque si lo hacía corría el riesgo de reírse a carcajadas y salir huyendo de allí sin dinero de verdad. Así que, se mordió el labio y negoció con las ratas adineradas unos cuantos ducados más de los acordados. Se fue de aquel lugar sonriendo y mirando de soslayo su bolsita de tela. 

Los siguientes minutos fueron demasiado rápidos. Ya se imaginaba embarcando hacia el Nuevo Mundo, cuando dos hombres le hicieron caer al suelo. Su cara chocó contra la tierra y la boca se le llenó de arena. Las cosquillas le dolían por la presión de un pie aplastando su espalda, mientras otro arrancaba de un tirón el saquito de su cinturón. Él quiso darse la vuelta. ¿Quién se atrevía a robarle su dinero? Aquel que con tanto esfuerzo había conseguido. Noches y noches en vela profesionalizando su técnica hasta conseguir réplicas exactas de los objetos originales. Apoyó las palmas de sus manos en el suelo haciéndolas sangrar por el esfuerzo y consiguió darse la vuelta con un ruido gutural. Fue en vano, porque dos hombres fornidos alguaciles que no venían precisamente a hablar. El vello se le erizó y se temió lo peor. 

***

«El más temido falsificador» era su sentencia. Habían descubierto su estratagema después de que los señoritos pidieran opinión a un experto escudero. Les confesó que si bien era muy realista, era falsa y probablemente de alguien que tenía mucho recorrido y sabía bien lo que hacía. No era un estafador cualquiera, sino un verdadero artista de la falsificación. Ante tal ofensa a su inteligencia, los señoritos fueron a la justicia a declarar lo sucedido. Tenían que apresarlo y castigarlo con severidad. No podían permitir que aparecieran más como él engatusando a los nobles con sus astucias diabólicas. El bien siempre prevalecía contra la herejía. ¿Y cuál podía ser su castigo? 

Pasaron semanas en aquella cárcel mugrienta llena de ladrones hambrientos y ratas infestas. Hasta que un día los rateros empezaron a murmurar que algo estaba pasando en la ciudad. La gente se agolpaba en las calles santiguándose y comentando la llegada de un instrumento de tortura nunca visto. Nadie sabía lo que era ni cómo funcionaba, pero solo con ver su semblante el cuerpo de los viandantes temblaba. 

«¡Tú!», fueron las palabras cariñosas del alguacil, que acompañado con un movimiento de uno de sus dedos hacia atrás y hacia adelante intuyó lo que quería decir. Derek se fue tras él, agradeciendo dejar atrás el olor inhumano de su celda. Pronto se arrepentiría de ese pensamiento cuando apareció en una habitación fría donde había tres o cuatro personas esperándolo. El juicio fue tan rápido que solo le dio tiempo a observar un elemento de mediana altura hecho de hierro forjado redondo y con cara de una cruenta mujer. Parecía más bien una estatua que un instrumento de tortura. Aunque su corazón le latía con fuerza, tenía curiosidad por saber qué muerte le iba a provocar semejante objeto. 

Entonces alguien dijo «¡culpable!», no sabría decir quién porque Derek seguía mirando con sádica curiosidad a la que habían denominado finalmente como: La Doncella de Hierro. Dos alguaciles se pusieron a su lado y con una mano abrieron a la vez las compuertas del infierno. Notó un pinchazo en el estómago y una corriente eléctrica en todo el cuerpo. Aquella mujer poseía en su interior multitud de pinchos de hierro, no había que ser muy hábil para saber qué pasaría a continuación. Mientras avanzaba a empujones, notaba como la doncella abría sus brazos para acogerle en su pecho. No creía en Dios, pero por un momento pensó en Jesús, la agonía y el sufrimiento. El desgarro de la piel primero, la penetración de los músculos después y una sangría que inundaría un interior podrido de maldad. Se despediría de la luz del sol, porque el infierno era oscuro y frío. 

Le quitaron las esposas y pensó en salir corriendo, pero era una habitación cerrada con cinco hombres a su espalda. Uno de ellos lo metió dentro de un empujón y a los pocos segundos se oyó como cerraban la puerta. Efectivamente los pinchos devoraron su alma poco a poco. Pero no fue una tarea rápida, duró horas y horas de sufrimiento infernal. A punto estuvo de volverse loco y en seis ocasiones se desmayó. Al final, solo oyó el sonido del diablo acercarse por su espalda. Fue engullido por una Doncella que algunos decían que era la virgen, aquella que impone justicia implacable y recupera la fe frente a la herejía: bienaventurado sea el burlado. 

Qué tiene de verdad esta leyenda...

La Doncella de Hierro es en sí un objeto que por su simple presencia deja helado a cualquier cuerpo humano. Imponente, con mirada inquisidora y con unas compuertas llenas de maldad. Realmente fue un invento con un origen polémico. La historia del falsificador fue expuesta por el filósofo alemán Johann Philipp Siebenkees, quien le puso el nombre de La Doncella de Hierro. O al menos eso aseguran los historiadores, que piensan que pudo interpretar mal la historia y que realmente lo que se usó fue una cuba utilizada, normalmente, en estos casos para meter dentro a los ajusticiados, dejándoles las extremidades fuera, lo que les hacía casi imposible cualquier tarea normal. 

Si bien, este relato caló, suponemos que por su crueldad, en la mente de la gente. El propio afamado escritor Bram Stoker escribió una historia titulada: The Iron Maiden, que serviría de inspiración al grupo de heavy metal nombrado igual. 

Lo que sí se puede asegurar es que en el siglo XIX aquella leyenda dio lugar a que muchos crearan su propia Doncella de Hierro que se proclamaba como la utilizada en la época medieval. Qué paradoja que el falsificador que dice la leyenda que probó por primera vez este artefacto de tortura, fuera el que diera lugar a un sin fin de falsificaciones de la Doncella de Hierro. 

Actualmente puedes encontrar una versión de este aparato en la exposición de Antiguos Instrumentos de Tortura en la ciudad de Toledo (España). La entrada cuesta alrededor de 5,5€ (reducida 4,5 €) y puedes combinarla con otras exposiciones interesantes, como Brujería, Templarios o Catapultas y máquinas de Asedio. 

¡Sigue investigando con libros!

The Instruments of Torture (solo en versión inglesa)

Un medievo de leyenda: Mitos y certezas de un periodo “oscuro”

Referencias bibliográficas:

Carvajal, G. (2021, 12 agosto). Cuando los vikingos incautos compraban espadas falsificadas. La Brújula Verde. https://www.labrujulaverde.com/2017/08/cuando-los-vikingos-incautos-compraban-espadas-falsificadas

D. (2019, 22 febrero). La Doncella de Hierro: ¡Un Dispositivo de Tortura Medieval Usado Por Ultima Vez en el 2003!Ancient Origins España y Latinoamérica. https://www.ancient-origins.es/artefactos-otros-artefactos/la-doncella-hierro-005044

Mautor, A. (2020, 9 mayo). Historia y leyendas: La doncella de hierro, el instrumento de tortura que inspiró el nombre de Iron Maiden. Cultura para mentes inquietas.https://www.mautorland.com/backstage/historia-y-leyendas-la-doncella-de-hierro-el-instrumento-de-tortura-que-inspiro-el-nombre-de-iron-maiden/

Pappas, S. (2016, 6 septiembre). Are Iron Maidens Really Torture Devices? Livescience.Com. https://www.livescience.com/55985-are-iron-maidens-torture-devices.html

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