Kuchisake Onna – Una sonrisa diabólica por las calles de Tokio

Leyenda Kuchisake Onna

Cuenta una leyenda….

Se estaba haciendo de noche y las cuentas no le cuadraban. El profesor le dijo que debía revisar una vez más la ecuación y volver a contar los números que tenía a la izquierda; pero él no se podía concentrar, sabía que cuando terminasen las clases tenía que coger dos autobuses para llegar a casa, repasar algunos ejercicios para el día siguiente y hacerse la cena, ya que sus padres no regresarían de trabajar hasta pasadas las doce. 

Sabía que algunos de sus compañeros se iban con sus padres, y eso, aunque no quisiera, le daba cierta envidia. ¿Cuánto tiempo hacía que no pasaba un buen rato con su padre o su madre? Y para colmo, si es que todavía no se sentía suficientemente preocupado, estaba el problema de encontrarse con alguien extraño por la calle. ¿Cómo era la leyenda que había oído alguna vez en su escuela? No lo recordaba. Puede que eso fuera peor. 

Al cabo de un buen rato terminaron las clases; aún le quedaban por terminar varias tareas, pero como no eran para el día siguiente las podía hacer en otro momento. Podría aprovechar la hora de descanso que tenía el martes por la tarde. 

Como todos los demás, recogió sus libros y se levantó. Después, con mucha educación caminó hasta la entrada, se calzó y se despidió de su profesor con una reverencia. 

Al salir a la calle, se encontró con una noche cerrada y una neblina que le dificultaba la visión. Se dijo que debía estar atento para no perder el primer autobús, el más importante de todos; el otro, si lo perdía, podía ir a pie, pero este… Ahora tenía que recorrer varias calles y esperar en la parada unos quince minutos, aproximadamente. Así que, usaría esos minutos para escuchar música. Pero no una canción cualquiera, sino un repertorio de Mr. Children, su grupo de rock favorito. 

Apenas estuvo varios minutos en la parada cuando llegó el autobús cargado de otras almas que regresaban a sus casa o partían al trabajo. Pasó su tarjeta por el lector y se imprimió un billete. Lo cogió con desgana y buscó un asiento libre, pero estaban todos ocupados, por lo que se tenía que quedar de pie durante todo el trayecto. Sería así porque su parada estaba un poco antes del centro, y todas aquellas personas se bajarían allí. 

Poco después, sin saber cuánto tiempo había transcurrido, llegó su parada. Presionó el botón que había en una parte de la puerta y segundos después el conductor paró el vehículo. Bajó del autobús y miró en derredor. La niebla lo seguía cubriendo todo. ¿Así empezaba la leyenda que había estado oyendo estos días en el colegio? Maldijo no saber con exactitud de qué se trataba. Y no solo eso, también le preocupaba el hecho de que ahora se encontraba en una zona menos habitada, por lo que algún malnacido se podía haber escondido por los alrededores para robar.

Después de pensárselo, miró en la aplicación si le quedaba mucho tiempo al otro autobús, y como vio que el reloj marcaba más de media hora, se dijo que iría caminando. Todo lo que podía pasar es que cuando estuviera llegando a casa pasase el bus por su lado. Pero para ese entonces le quedarían menos de trescientos metros para llegar. 

Paró por el camino a descansar la pierna, que, por lo pronto, le empezó a doler. Se sentó en el bordillo y estiró un poco la espalda. En otras ocasiones le había ocurrido, y con hacer algunos estiramientos el dolor amainaba. Y mientras trataba de hacer que la espalda crujiera, sintió la presencia de alguien a sus espaldas. Giró la cabeza y se encontró con una mujer. Esta llevaba una mascarilla, aunque parecía que llevaba una máscara, más bien. Dejó la mochila en el suelo y se levantó, parecía que la chica le intentaba decir algo, y con la música a todo volumen no se enteraba de nada. 

—Disculpe, ¿necesita algo? 

La chica no dejaba de mirarlo fijamente a los ojos.

—¿Me ves hermosa?

—¿Perdón? 

—¿Me ves hermosa? —le repitió la joven. 

—Sí, tienes unos ojos bonitos. 

En aquel momento, la mujer se quitó la mascarilla y una cicatriz de oreja a oreja, pasando por sus labios, se hizo gigante. 

—¿Y ahora, me sigues viendo hermosa? —dijo. Después, abrió la boca para sonreír, haciendo que el corte que tenía se le abriera hasta las orejas. 

El chico, con el corazón en un puño le volvió a decir que sí. Una parte de él creía que todo aquello era un maquillaje. Un maquillaje perfecto. Pero, por otro lado… 

¡Mierda! Ahora sí que recordó cómo era la leyenda que había estado oyendo. 

La mujer sacó unas tijeras y se abalanzó sobre el chico. Le cogió con los dedos de la mano izquierda los labios y cuando tenía la zona que quería libre para cortar, le hizo lo mismo que ella tenía en el rostro con las tijeras, hasta las orejas. 

El joven que estaba en el suelo repleto de sangre por todas partes, no dejaba de llorar y de pedir ayuda; pero al encontrarse en un limbo entre la ciudad y los alrededores, no había nadie cerca que lo socorriera. Si movía la boca sentía cómo sus mofletes chocaban entre ellos, haciendo un sonido espantoso. El sabor férreo de la sangre hizo que le entrasen ganas de vomitar. Miró el móvil y vio que al bus no le quedaba mucho para que pasara por allí. ¿Se salvaría de la muerte? 

***

Pero ¿la leyenda es este relato? Esto es lo que hace al haberse convertido en un Yokai, un espíritu demoníaco, pero ahora vamos con el nacimiento de esta leyenda. 

Cuenta la leyenda que una mujer hermosa se casó con un famoso y respetado samurái. Pero aunque contrajo matrimonio con él, seguía despertando lujuria en otros hombres. Y en vez de respetar a su marido, se acostaba con ellos. Su belleza era de tal calibre que todo hombre caía rendido a sus pies. 

Cuando su marido se enteró que lo engañaba con otros hombres, de la ira que se encendió en su cuerpo, al regresar a casa la cogió por los hombros y la tiró al suelo mientras la insultaba. Después agarró unas tijeras y le cortó la comisura de los labios. Pero lejos de detenerse ahí, continuó cortando hasta llegar a la oreja. Y mientras la mujer lloraba y gritaba de dolor, el hombre le gritaba: «¿Te ves hermosa ahora? Ya verás como nadie va a querer mirarte». 

Poco después, la mujer murió, cosa con la que no contaba su marido. Desde entonces, el espíritu de la mujer vaga por la ciudad, preguntando a cualquiera que se le cruce si la ve hermosa. Si la persona dice que «no», esta le arranca la cabeza, pero quien diga que «sí», se quita la máscara que le tapa la herida y vuelve a hacer la pregunta. Si la persona vuelve a responder con un «sí», le hará lo mismo que le hizo su marido, para que sepa por lo que tuvo que pasar.

Se dice que hay una manera de evitar que te haga daño, y es respondiendo ambiguamente, así la mujer se queda pensando y como, realmente, no le has dicho nada, te dejará vivir. Otra manera es decirle que tienes mucha prisa y debes marcharte. Entonces ella te hace una reverencia y te deja ir. 

La última persona en verla fue una mujer mayor, en 2010. Desde entonces, no se ha vuelto a ver. 

Lo único que podemos decir desde aquí es que tengas cuidado con las noches cubierta por la niebla y te encuentres en Japón. Su espíritu vaga por Tokio, la ciudad en la que residía. No te pares a hablar con alguien que te pregunte: ¿Me ves hermosa?

Referencias bibliográficas:

Japón a través de sus leyendas urbanas: de Kuchisake onna a la estación de Kisaragi. (2020, 31 mayo). nippon.com. https://www.nippon.com/es/japan-topics/g00789/

Relatos y Leyendas la mujer con la boca cortada. (2017). Periódico Zócalo | Noticias de Saltillo, Piedras Negras, Monclova, Acuña. https://www.zocalo.com.mx/relatos-y-leyendas-la-mujer-con-la-boca-cortada-1394482402/

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