El Duende de Zaragoza – Un aterrador suceso sin resolver

El duende de Zaragoza, leyendas en podcast Voces a Medianoche en Casa Drojan

Cuenta una leyenda….

Hace frío. Parece que el día comienza a asomar por el horizonte, pero es el resplandor de la luna, que se cuela por entre las nubes. La noche sigue su determinado curso. Las mantas no son lo suficientemente gruesas como para que la heladez que siente su cuerpo se disipe. Se gira a la izquierda y trata de conciliar el sueño de nuevo, pero es imposible. Tirita de frío y le castañetean los dientes. Se toca la frente para tomarse la temperatura. Hace un gesto negativo con la cabeza. Encoge los dedos de los pies y mueve las piernas varias veces.

En alguna ocasión, con solo hacer ese movimiento, su cuerpo cogía temperatura y se volvía a dormir. Pero no lo consigue. Se gira a la izquierda. Mira por la ventana y ve que la noche aún envuelve la casa de enfrente. Su señora le tiene dicho que si pasa frío puede encender la estufa sin problemas. No es cuestión de morir por culpa de una pulmonía.

Y cuando se retira las mantas para ir a encender la estufa, oye unos gritos y risas provenientes de la calle. Se le eriza el vello de los brazos y un escalofrío le recorre la espalda. Se levanta de un golpe, se pone las zapatillas y se echa por encima el batín, debe despertar a la señora cuanto antes, puede que esté pasando algo importante fuera y necesiten huir a algún lugar. Pero antes de salir de su alcoba, camina hacia la ventana, retira las cortinas y mira a través del cristal.

Varios hombres están hablando mientras miran hacia todas partes. Se gira rápido y, con pasos decididos, va al dormitorio de la señora. Cuando entra se la encuentra despierta, con los ojos abiertos, mirando hacia todas partes, como si estuviera buscando algo. La joven le dice que deben salir cuanto antes, no sabe qué ocurre, pero media calle está fuera. 

Ya en la calle, los hombres siguen discutiendo sobre lo que oyeron. Algunos dicen que escucharon un llanto, otros risas malévolas y otros palabras malsonantes. Tras la disputa, las mujeres se reúnen, con los ojos aún entrecerrados y el corazón a mil revoluciones. Está claro que la noche la van a pasar en vela, esperando algún acontecimiento. En aquel momento, los hombres deciden dar una vuelta por la calle para buscar si hay alguien con intenciones macabras y les ordenan a las mujeres que entren en casa; hace mucho frío y no es cuestión de estar a la intemperie.

Sin embargo, en cuestión de una hora, regresan de la batía sin éxito. No encuentran a nadie por los alrededores. Por lo que deciden entrar en casa y protegerse de la heladez de la noche. Quedaron en no dormirse para estar atentos, pero casi todos se quedan dormidos. En cambio, ellas…

La noche le dio paso al día. Por suerte, aún era principios de septiembre y el calor residual del verano calentaba durante las horas de la mañana y la tarde. Los vecinos de la calle Gascón de Gotor seguían en alerta. Sin embargo, poco a poco la tensión se relajó hasta tal punto que en un par de días se olvidaron de aquellas voces. La vida volvió a la normalidad. 

***

Han pasado dos meses desde que aquellas risas se perdieron en el horizonte de la ciudad. Los pájaros vuelven a cantar y los niños a salir a la calle para jugar. 

El frío se ha acentuado. Noviembre ha empezado con heladas importantes, por eso Pascuala se ha levantado temprano, encender la estufa es algo que debe hacerse por la mañana. Bueno, para encender la estufa y porque el frío le había calado hasta los huesos una noche más. 

Y mientras trata de encender el fuego de la estufa, recuerda lo que ocurrió aquella noche de finales de septiembre. Concretamente el veintisiete de septiembre. Pero lo deja ir enseguida, parece que la señora se ha despertado. Ahora lo más importante es encender el hornillo y preparar el desayuno. 

Sabe que con dos maniobras el hornillo se ha encendido, el problema está en que debe esperar un poco para que este coja temperatura. Cuando decide que es el momento de prenderlo, oye una voz que le dice: «¡Por lo que más quieras, no lo enciendas, que me quemas!». Da un paso hacia atrás; le tiemblan las manos; los dientes empiezan a castañetear. No puede creer lo que acaba de oír. ¿Es posible que alguien se haya metido dentro del hornillo? Sale corriendo en dirección al dormitorio de la señora. Entra y ve que duerme plácidamente. Pero tiene que despertarla. La señora tiene que oír lo mismo que ella, porque sabe que no está loca. No, señor. No lo está. Esa voz es real. Demasiado real.

La agarra de los hombros y le dice que hay alguien dentro del hornillo. La señora, que abre los ojos enseguida a causa de un susto fulminante, se levanta de la cama y camina junto a Pascuala, que tiembla como un cachorro. Entran en la cocina y se vuelve a oír algunas frases sueltas proveniente de una voz extraña, tenebrosa. Esta pide que no enciendan el hornillo, porque que si lo hacen, morirán.  

Fuente: www.zaragoza-ciudad.com

Tanto la señora como Pascuala se quedan petrificadas. Miran en derredor y buscan algo con lo que defenderse, tal vez alguien se ha colado en la casa y trata de robar. Pero enseguida se dan cuenta de que eso es imposible; la señora cierra la puerta de la calle con llave y Pascuala comprueba todas las puertas y ventanas antes de acostarse. El mismo pensamiento las atraviesa, como si fuera un rayo: hay que llamar a la policía. 

Cuando llegan los agentes, media calle está en la puerta número dos de la calle Gascón de Gotor. Los policías entran en la vivienda y escuchan el relato de Pascuala y la señora, que están ateridas de frío y con los ojos puestos en el hornillo. Los hombres abren la puerta de la cocinilla y la voz parecida a la de una mujer o un niño de unos ocho o nueve años, le dice que se vayan, que allí no hay ningún problema; la única condición que pone es que no enciendan el fuego.

Uno de los guardias le contesta que no se pueden ir hasta resolver el problema. Y es entonces cuando la voz lo amenaza con la muerte. El otro guardia, que se había quedado en la puerta principal, tenía el rostro encogido y sorprendido, pero sin quitarle la vista de encima a la sirvienta, a Pascuala. Le parecía haberla visto mover la boca cuando lo que fuera habló. Pero ¿está seguro de ello? 

***

La tarde se echó encima y la policía seguía en el domicilio. Todo es muy extraño. No dejaban de mirar por todos los rincones de la cocina, pero no hallan nada. Entonces, sin saber qué hacer, deciden llamar a un arquitecto y obreros para levantar el tejado. ¿Una locura? Tal vez alguien se ha podido colar. La contestación no es muy agradable, pues tanto el arquitecto como los obreros no estarán disponibles hasta mañana. Así que, no les queda más remedio que esperar. 

Quedan con la señora que van a vigilar su casa de cerca por si necesitan ayuda. Y se marchan. La señora y Pascuala se quedan igual que al principio del día: sin saber nada sobre lo que ocurre en casa. Y es a la mañana siguiente cuando los obreros empiezan a desmantelar todo el tejado y parte de la pared de la cocina para ver el interior. Sin embargo, no hayan nada. Por lo que vuelven a ponerlo todo en su sitio y dicen que, excepto algunas vigas, todo está en buen estado. Es decir, que dentro de la pared o del hornillo no hay nada ni nadie. En cambio, aquella cosa sigue hablando con todo el mundo. Desde los obreros hasta la policía. En ocasiones, la voz maldice a algunas personas, y estas salen corriendo de la casa.

Las voces siguen hablando con las personas. Las voces siguen asombrando a la población.  Por la casa de la señora pasan desde policías hasta médicos y jueces. Pero ningún profesional es capaz de averiguar la procedencia de la voz. Por un momento, todos apuntan a Pascuala como la autora de la fechoría. Se dice que ella tenía la habilidad de distorsionar la voz y utilizar la ventriloquia. Sin embargo, en muchas ocasiones, Pascuala no se encuentra en el domicilio cuando la voz sigue hablando. Por lo que no tienen fundamentos tales afirmaciones. 

Un día del 1935, la voz se calla para siempre. Muchas personas seguían visitando casa para hablar con el «duende», pero este ya no está en el hornillo. Por lo que la atención cae hasta el olvido. 

Hoy en día sigue sin saberse la procedencia de la voz. Lo único que sí se sabe es que el edificio fue demolido cuando los dueños de las viviendas fallecieron, por miedo a que la presencia regresase. En su lugar, muchos años después, se construye otro edificio. A este se le conoce como «Edificio duende». 

***

Lo que sí puede poner los vellos de punta es el momento en el que una vidente trata de contactar con el duende. Cuando entra en trace, la mujer empieza a sufrir un dolor terrible en todo el cuerpo. Poco después, muere de manera fulminante, sin explicación posible. 

¿Sabías algo de esta leyenda? ¿Te ha parecido interesante?  

Referencias bibliográficas:

Ayala, F. (2020, 13 abril). El misterio de la «Casa del Duende» de Zaragoza. abc. https://www.abc.es/archivo/abci-misterio-casa-duende-zaragoza-202004130153_noticia.html

Chivite, M. M. (1934, 31 octubre). La cocina de la casa del «duende de Zaragoza», en el número 2 de la calle Gascón. . . – Archivo ABC. abc. https://www.abc.es/archivo/fotos/la-cocina-de-la-casa-del-duende-de-zaragoza-en-el-numero-2-de-5211158.html

Moneo, J. (2019, 8 noviembre). El misterioso caso sin resolver del malvado duende de Zaragoza. Zaragoza Ciudad | Guía de ocio y turismo de Zaragoza. https://www.zaragoza-ciudad.com/historia-de-zaragoza/el-misterioso-caso-sin-resolver-del-malvado-duende-de-zaragoza/

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